Experiencias

Presura

El derecho de presura fue un sistema usado en la España medieval para atraer gente hacia las zonas despobladas de España, como los valles del Duero y Ebro. Los terrenos baldíos pasaban a ser propiedad del primer agricultor que los rotulara mediante un documento acreditativo firmado por el rey.

Durante el último año he estado desarrollando las líneas de este proyecto. Sometido a un constante cambio, y adaptación; las experiencias personales, y en gran medida las personas que he ido conociendo durante este camino, van sumando ideas que se incluyen a mi proyecto inicial: la construcción de bicicletas y el cicloturismo.

Muchas horas de trabajo, formaciones, conversaciones… que van construyendo paso a paso constante un proyecto con un marcado sello personal.

Hace un año acudí a la feria Presura, que se celebra anualmente en Soria, para conocer iniciativas y participar en los debates sobre la situación actual de nuestro medio rural. Allí conocí personas e iniciativas muy interesantes; me dí cuenta que existe un gran colectivo de personas con las mismas ideas: volver a llenar de vida nuestros pueblos.

En mi viaje de vuelta me hice la pregunta: ¿y qué puedo hacer yo por mi pueblo?

Durante los últimos meses he pasado a la acción. Gracias al empuje de Fernando Rubio, fundador de la cooperativa energética Megara, decidí presentar mi proyecto en el concurso El Hueco Starter; donde se buscan ideas de negocio o emprendimientos sociales que contribuyan a la repoblación de las zonas escasamente pobladas de España .

El propósito era sencillo: aprender de la experiencia y dar a conocer mi inquietudes, la mejor forma de validar el proyecto, adquirir nuevos conocimientos, y relacionarme con personas con el mismo rumbo.

Viajé con mi bicicleta cargada de ilusión, gracias a la colaboración de Nano, Geosmina Componentes, que me cedió sus bolsas de bikepacking para vestir mi bici en la feria y poder mostrar a los asistentes que es posible unir nuestros esfuerzos.

Camino a Soria

El proyecto pasó a la final, donde expuse lo mejor que pude mis líneas de trabajo delante del jurado; aunque no fui premiado de forma monetaria, si lo conseguí de forma más humana, con el ánimo de otros participantes, y público.

Esta vez me vuelvo a casa con las alforjas llenas de nuevas inquietudes. La labor continúa, y el proyecto está más vivo que nunca.

 

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